EL REFLEJO DE MI SOMBRA
- Santiago Mist

- 23 sept 2020
- 1 Min. de lectura

Y si de algo se huía
en estos tiempos,
era de la inoportuna soledad,
de esa infame compañera
que sin piedad
te habla al oído
a mitad de la noche,
susurrándote lo que eres en realidad
y de lo que nunca
vas a poder escapar.
Esa voz petulante
que cuando caminas por las calles,
sin cruzarte a nadie
y vas observando las casas y puertas
de tu alrededor;
invade tu mente y perfora tus sentidos.
Congelando parte de ti,
dejándote inmóvil, vulnerable
para recordarte qué vida tan extraña
y desesperada llevas.
No necesitas
aparentar nada,
pues a nadie le interesa
como tus huesos
se carcomen infinitamente todos los días
por tratar de alejar la locura de tus pensamientos.
Pero una vez más, la cama te espera
para no dejarte dormir,
para robarte el sueño
y alejarte de la poca
cordura que te queda.
Quizá sea por eso que evito
esos ratos lúgubres al lado
de viciosos licores y cigarrillos,
mal intentando
alejar esa histérica voz
de la mente cansada que mantengo activa.
Ahora que las noches son heladas
y la oscuridad acecha en las esquinas,
los relojes se apoderan de mis recuerdos,
llevándome a un viaje
por los linderos del tiempo,
desgarrando de mi memoria
pasajes de una vida
solitariamente absurda.
Y el reflejo aún seguirá ahí,
aguardando en las desordenadas
tertulias de libros viejos.
Tus ojos ya no son tus ojos.
El espejo los ha cambiado,
pues ahora están inyectados
con las escenas que ves en ellos.
Tu maldita vida
observa con envidia
lo que has perdido,
con celos los abrazos olvidados
y con rencor
a la muerte que se llevó a tu amigo.
¡Ahora ven por mí!
le gritas
a la dama que con una sonrisa
te responde.
- Para qué llevarte, si disfruto acompañarte.




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