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EL REFLEJO DE MI SOMBRA




Y si de algo se huía

en estos tiempos,

era de la inoportuna soledad,

de esa infame compañera

que sin piedad

te habla al oído

a mitad de la noche,

susurrándote lo que eres en realidad

y de lo que nunca

vas a poder escapar.

Esa voz petulante

que cuando caminas por las calles,

sin cruzarte a nadie

y vas observando las casas y puertas

de tu alrededor;

invade tu mente y perfora tus sentidos.

Congelando parte de ti,

dejándote inmóvil, vulnerable

para recordarte qué vida tan extraña

y desesperada llevas.

No necesitas

aparentar nada,

pues a nadie le interesa

como tus huesos

se carcomen infinitamente todos los días

por tratar de alejar la locura de tus pensamientos.

Pero una vez más, la cama te espera

para no dejarte dormir,

para robarte el sueño

y alejarte de la poca

cordura que te queda.

Quizá sea por eso que evito

esos ratos lúgubres al lado

de viciosos licores y cigarrillos,

mal intentando

alejar esa histérica voz

de la mente cansada que mantengo activa.

Ahora que las noches son heladas

y la oscuridad acecha en las esquinas,

los relojes se apoderan de mis recuerdos,

llevándome a un viaje

por los linderos del tiempo,

desgarrando de mi memoria

pasajes de una vida

solitariamente absurda.

Y el reflejo aún seguirá ahí,

aguardando en las desordenadas

tertulias de libros viejos.

Tus ojos ya no son tus ojos.

El espejo los ha cambiado,

pues ahora están inyectados

con las escenas que ves en ellos.

Tu maldita vida

observa con envidia

lo que has perdido,

con celos los abrazos olvidados

y con rencor

a la muerte que se llevó a tu amigo.

¡Ahora ven por mí!

le gritas

a la dama que con una sonrisa

te responde.

- Para qué llevarte, si disfruto acompañarte.

 
 
 

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